Tiempos y realidades


colson

Zulema Trejo Contreras

Muros vemos, razones no sabemos  

Las redes sociales marcan tendencias en muchos ámbitos de nuestras vidas. En los muros de Facebook se ve de todo, tanto en imágenes como en texto. Desde frases célebres, fragmentos de poemas o canciones. Las imágenes publicadas en los muros de esta red social son de todo tipo: fotografías de las familias, amigos, mascotas, comida y ,por supuesto, las fotos de perfil, nicho dedicado, por decirlo de alguna forma, al culto de nuestro narcisismo, pues en ese espacio que nos autorrepresentamos, ahí ponemos la imagen que nos identifica en la red de Facebook. 

La fotografía de perfil no define a la persona que abre una página en esta red social, es sólo uno de los elementos a partir de lo cual se construye la imagen que se quiere proyectar de uno mismo; y aquí es donde cobra sentido el título de esta columna, “Muros vemos, razones no sabemos”, y es que al ver las publicaciones de nuestros contactos, o los amigos de nuestros amigos o los amigos de éstos últimos, a veces lo primero que se nos viene a la mente es ¿por qué publicó esto? 

En muchas ocasiones las publicaciones que se encuentran en las páginas de Facebook son desahogos tan personales, que quizá un diario íntimo fuera el lugar más adecuado para escribirlo. Los desahogos que se pueden encontrar en los muros van desde tristeza por una ruptura amorosa, pleito entre amigos, insultos, quejas, relatos de experiencias tristes o aterradoras llevadas al extremo. No faltan las amenazas de muerte y/o advertencias de suicidio. ¿Por qué?, ¿qué motivo impulsa a las personas a exponer públicamente aspectos de su vida que, probablemente, no gritarían en medio de una plaza llena de públicos. 

Facebook es en cierto sentido el equivalente virtual de un espacio público donde las personas interactúan. ¿La intención de quienes publican sus desahogos en Facebook es que todo mundo lo sepa? Bien, se respeta esa decisión. La cuestión aquí es tratar de entender qué esperan obtener de estas publicaciones, se podría suponer que lo esperado es atención y consuelo, comprensión… pero ¿qué tanta comprensión se puede conseguir de gente que no conoce el contexto del que surge el desahogo? 

En mi opinión, no mucha, y con eso me refiero a la comprensión y el consuelo de calidad, es decir, aquellos que genuinamente expresan interés por la persona y sus circunstancias no sólo en ese momento preciso, sino en todos los momentos de su vida. Este tipo de comprensión, de consuelo no se mide con la cantidad de “likes” que se consigue con este tipo de publicaciones. 

Ciertamente no faltarán quienes argumenten que sus publicaciones son privadas, que las herramientas de seguridad provistas por Facebook permiten seleccionar a quiénes les compartirás tus posts, lo irónico del asunto es que el objetivo de esta red social es justamente lograr que te conectes con el mayor número posible de personas, sin importar la distancia geográfica ni el idioma, ni cualquier otra barrera que pudiera separar a las personas. 

La paradoja, entonces, está en el hecho de que nos incluimos en una red social para contactarnos con gente con la que deseamos hacerlo, pero a la vez nos cercamos de medidas de seguridad que nos encierran en círculos concéntricos, de tal manera que sólo unos cuantos tienen acceso al círculo interior. Así pues, ¿de que sirve tener cientos o miles de contactos si sólo mantenemos contacto con el 10 por ciento de ellos? Tal vez una respuesta a las paradojas de Facebook se resuelva con una palabra: prudencia. 

Si somos prudentes con los contenidos que publicamos en nuestros muros, entonces la necesidad de los filtros de seguridad no será necesaria. La prudencia se extiende hacia los niños, porque si bien Facebook marca que debes ser mayor de edad para tener una página, lo más fácil es falsificar la edad, de modo que los niños, si saben escribir, pueden estar en Facebook y lo están, tan expuestos y vulnerables en el mundo virtual como en el real. 

*Profesora-investigadora del Centro de Estudios Históricos de Región y Frontera en El Colegio de Sonora.


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