Antecedentes de la Nueva Historia Política


Iván Aarón Torres Chon

El origen de la Nueva Historia Política se sitúa en la crisis que a fines de la década de 1970 padecieron los postulados que regían la investigación de tipo estructuralista, como el materialismo histórico, y la historia demográfica, económica, social y de las mentalidades de la influyente escuela historiográfica desarrollada por la revista francesa Les Annales.

Estos enfoques pretendían observar la evolución de los grupos sociales como parte de un todo estructurado al emplear variables de tipo cuantitativas para la jerarquización, la comparación y la construcción de temporalidades.

Un ejemplo de estos postulados estructuralistas es la corriente marxista que consideraba los acontecimientos políticos como una consecuencia de las actividades económicas y sociales.

En la historiografía francesa de Annales de la década de 1960 se desarrolló el concepto de cultura política para ampliar el rango de análisis de la participación de las masas en la revolución, autores como René Rémond, Sergei Berstein, Jean-Pierre Rioux y Jean-François Sirinelli.

La historia cultural analizó el contexto particular de las comunidades a las que pertenecen, así como la posición de legitimidad de las demandas, los procedimientos para la solución de los conflictos entre los demandantes y la imposición de resoluciones. Sin embargo, Annales recibió críticas por aportar una visión limitada de la política y el poder, al concebirlos como una serie de eventos de corta duración, cuya verdadera explicación estaría en los fenómenos económicos, demográficos, sociales y de mentalidades; los cuales serían percibidos y analizados a partir de la construcción de series estadísticas de nacimientos, defunciones, archivos judiciales, testamentos, entre otros.

A partir de la década de 1980, la crítica se desarrolló principalmente desde la perspectiva historiográfica norteamericana e inglesa, autores como Víctor Turner, Mary Douglas y Clifford Geertz, que abordaron la significación simbólica de la cultura, retomaron conceptos de la antropología y la crítica literaria.

Así, aflora la llamada historia cultural, que puso énfasis en la interpretación del contexto y de las estructuras conceptuales complejas que conforman las prácticas ritualizadas que rigen la conducta humana.

En la historia política las acciones violentas como el motín, la sublevación o las insurrecciones se analizaban desde una perspectiva que dejaba de lado aspectos de la cultura; y en el contexto intelectual brevemente esbozado, paulatinamente se desarrolló la denominada nueva historia política, la cual criticó la visión de la historia política tradicional -que se concentraba en la historia de las grandes batallas y de los grandes personajes- para pasar a analizar los acontecimientos y procesos políticos desde una perspectiva más social y cultural, al considerar (haciendo referencia a María Fernanda De los Arcos) el ejercicio del poder como una relación entre los que dirigen y los dirigidos, la cual no se puede sostener de manera vertical, durante mucho tiempo, sino que requiere de pactos y negociaciones mediados por aspectos culturales que involucran a “los de abajo”.

Esta visión permitió rebasar la concepción de lo político como sinónimo de sistema de gobierno, para considerarlo como el proceso dónde converge el discurso y la acción de hombres y mujeres para dotar de sentido y legitimidad a su comunidad.

*Doctor por El Colegio de Sonora. zhoncy@hotmail.com


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