La transformación que viene de arriba


Alvaro Bracamonte Sierra

En círculos intelectuales y profesionales se discute, con relativa frecuencia, sobre las fuentes de la transformación social. Los ortodoxos consideran que el cambio verdadero se incuba desde abajo hacia arriba; de otra forma sería una imposición, dicen. Los más realistas o pragmáticos no desechan esta vía, pero están conscientes de que la ruta inversa, es decir, de arriba hacia abajo, es una alternativa posible.

Tras la victoria de AMLO el primero de julio, epopeya que significó triunfos en varias entidades federales y municipios, la agenda de transformaciones radicales se afianzó significativamente. La idea se anidó en todos los espacios ganados que, como se sabe, no fueron pocos. Recordemos que en campaña el propio López Obrador promovió el “cinco de cinco”, llamando a votar por toda la planilla que él encabezaba.

El ahora presidente electo aún no ha tomado posesión y pareciera que ya gobierna, dada la notoria desaparición de Peña Nieto. El primero de diciembre rendirá protesta, pero ya muchos insinúan que debiera dar su primer informe de Gobierno. Es tal la intensidad desplegada desde el primer minuto del 2 de julio, que se percibe un ambiente social bastante movido. Decisiones como la cancelación del aeropuerto de la CDMX, la construcción del Tren Maya, de la refinería en Tabasco, los planes y acciones para el desarrollo de las entidades fronterizas, pasando por la cancelación de las pensiones a ex presidentes, el acuerdo sobre los topes de sueldos a los servidores públicos, la eliminación de los privilegios y despilfarros, hasta la presentación de la estrategia de seguridad, dan cuenta de la febril actividad desarrollada por el futuro mandatario.

Se nota mucho ese activismo porque gran parte de las medidas anunciadas no han sido de las simpatías de los empresarios y en general de los poderes fácticos, habitualmente acostumbrados a que el inquilino de Los Pinos, que ahora lo será del Palacio Nacional, opere y decida en sintonía con sus intereses. Algunas de las acciones tomadas o perfiladas no han sido de su responsabilidad pero, como es normal en coyunturas polarizadas, se le atribuyen; tal fue el caso de la iniciativa orientada a eliminar las comisiones que cobran los banqueros. La élite económica está aprovechando las turbulencias financieras registradas recientemente para minar el programa transformador de AMLO. Es un momento marcado por la pertinaz resistencia al cambio de las fuerzas conservadoras. Habría que decir que la transformación, si se quiere que sea verdadera, no será nada fácil sino que estará sembrada de altibajos como corresponde a una real disputa por la Nación.

El hecho de que los cambios emanen esencialmente de la esfera federal, como se ha visto hasta ahora, refleja una terrible realidad: a nivel local no parecen fraguarse, o por lo menos no se advierten, procesos transformadores. Es probable que tal situación sea motivada por los problemas de urgente resolución que enfrentan las nuevas autoridades y que les impide dedicar tiempo a exquisiteces como cambiar de raíz el gobierno municipal o estatal; o probablemente el problema resida en que muchos munícipes llegaron sin contar con un verdadero proyecto de cambio, explicación nada desdeñable, pues en algunos casos las trayectorias políticas o ciudadanas de los alcaldes triunfadores evidentemente no dan para pensar en transformaciones. Ambas explicaciones son hipótesis que los hechos futuros rechazarán o confirmarán. Ya veremos.

Aunque por razones distintas, una situación similar se vive en el Congreso del Estado. La coalición Juntos Haremos Historia ganó 20 de 21 distritos locales. Muchos triunfaron montados en la ola levantada por la candidatura de AMLO, pero, al igual que sucede con algunos alcaldes, varios de los actuales legisladores vienen de tradiciones políticas que los limitan como portadores de la transformación; incluso al contrario, su formación ideológica los anima más a conservar las viejas formas de hacer política.

Dicho de otra manera, el cambio, si viene, no vendría de abajo sino de arriba, es decir, desde el gobierno federal.

*Profesor-investigador en El Colegio de Sonora.


Scroll to Top